Un nuevo instrumento financiero está absorbiendo activos digitales y reduciendo liquidez al impulsar alzas sostenidas en el mercado de criptomonedas
El salto del Bitcoin hasta los u$s76.000, máximos en más de dos meses, no responde únicamente a la clásica combinación de narrativa macro y apetito por riesgo.
Detrás del movimiento, el exchange Bitfinex identifica un driver mucho más específico y estructural: “El producto de acciones preferentes STRC emitido por Strategy, que está operando como un mecanismo de absorción de oferta en el mercado”.
La clave no está tanto en el instrumento en sí, sino en cómo funciona. El exchange explica que STRC canaliza flujos a través de un esquema at-the-market que, en la práctica, se traduce en compras constantes de BTC.
Los datos refuerzan esa lectura. En apenas dos jornadas, el volumen asociado al STRC superó los u$s1.500 millones, con operaciones sostenidas a la par o por encima del valor nominal. Ese flujo estuvo respaldado por financiamiento reciente y derivó en la compra de casi 14.000 BTC a precios en torno a los u$s71.900. El resultado es un drenaje efectivo de oferta que le da consistencia al movimiento alcista.
Ahora bien, el rally no arrancó ahí. El disparador fue macro. La ruptura de negociaciones entre Estados Unidos e Irán y el posterior bloqueo del estrecho de Ormuz generaron un shock que encontró al mercado mal posicionado, con un exceso de apuestas bajistas.
El cambio que redefine el mercado cripto
Este punto marca un cambio relevante en la dinámica del mercado cripto: el precio deja de depender exclusivamente del sentimiento o de eventos puntuales y empieza a responder cada vez más a estructuras de financiamiento que operan de manera continua.
Es un comportamiento más cercano al de los mercados tradicionales, donde los flujos institucionales y los vehículos de inversión determinan pisos y techos de valuación.
Hacia adelante, el escenario sigue condicionado por el frente macro. La evolución del conflicto en Medio Oriente, particularmente su impacto sobre el precio del petróleo, es una variable crítica.
En paralelo, la microestructura del mercado muestra que todavía hay combustible técnico. La concentración de posiciones cortas entre los u$s76.000 y u$s78.000 configura una zona de presión que, de ser superada, podría habilitar un movimiento más limpio hacia los u$s82.000. Recién por encima de ese nivel aparece una resistencia más sólida, vinculada al costo promedio de los holders de corto plazo.
La conclusión de Bitfinex es que el rally actual no se explica solo por un evento puntual, sino por la combinación de un shock inicial y un flujo estructural que sostiene los precios.
En ese esquema, STRC funciona como una “mano invisible” que reduce la oferta disponible y le da consistencia al nuevo rango de cotización. Es un cambio de régimen silencioso: menos épica, más mecánica financiera.
Cómo funciona el mecanismo que drena oferta de Bitcoin
Iñaki Apezteguia, cofundador de Crossing Capital, comenta a iProUP que “STRC aparece como un factor central detrás del último impulso de Bitcoin, aunque no es la única fuerza que está empujando el precio”, agrega.
Apezteguia analiza que el atractivo de STRC es directo: “Ofrece un dividendo variable del 11,5% anual, pagado mensualmente en efectivo, y tiene un diseño que canaliza el 100% de los fondos recaudados hacia la compra de Bitcoin en el mercado”.
“En la práctica, esto convierte al instrumento en una fuente constante de demanda. Cuando el apetito por STRC se acelera, Strategy emite nuevas acciones a su valor nominal de u$s100 y utiliza ese capital para adquirir BTC, generando una presión compradora sostenida”, completa.
Eso fue exactamente lo que ocurrió a mediados de abril. Entre el 13 y el 14, el volumen operado explotó con cifras récord, más de u$s1.160 millones en una jornada y hasta u$s1.570 millones en la siguiente, lo que habilitó nuevas emisiones y compras masivas, asegura Apezteguia.
“Con los flujos posteriores, el mercado estima que se sumaron entre 7.800 y 14.800 BTC adicionales. El efecto es claro: una demanda predecible y persistente que actúa como soporte directo sobre el precio”, sostiene Apezteguia.
En el corto plazo, considera el experto, STRC se consolidó como un driver relevante de BTC, precisamente por ese mecanismo repetitivo. Mientras exista demanda por un instrumento que combina rendimiento elevado con baja volatilidad y la compañía se mantiene prácticamente anclada a su par de u$s100, Strategy dispone de un motor casi automático para seguir acumulando Bitcoin.
“Hoy, su tesorería ya supera las 780.000 unidades, lo que amplifica aún más su impacto en la dinámica del mercado”, asevera.
Para inversores sofisticados, esto abre una lógica interesante: “Permite capturar un flujo de ingresos relativamente estable, con exposición indirecta al upside de Bitcoin, pero sin la volatilidad extrema del activo”.
La mirada crítica sobre el verdadero impacto de STRC
Ramiro Rodríguez, CFO de Fiwind, relativiza el impacto de Strategy en la dinámica del Bitcoin. Aclara que no la considera una “mano invisible” que determine el precio, aunque sí reconoce que sus movimientos tienen peso por el tamaño de su posición.
En ese sentido, destaca que la emisión de acciones preferentes STRC “logró algo bastante inteligente”: “Captar capital del mercado tradicional y canalizarlo casi de forma directa hacia la compra de Bitcoin, generando un flujo de demanda más constante y menos especulativo”.
Según explica, eso ayuda a entender por qué en algunos momentos las emisiones de STRC coinciden con subas del precio, “no por casualidad, sino por compras efectivas en el mercado“.
Sin embargo, Rodríguez marca un límite claro a esa influencia. Sostiene que hay “bastante distancia” entre reconocer ese efecto y considerarlo un factor determinante, ya que Bitcoin sigue siendo un mercado global que responde principalmente a la liquidez internacional, las tasas de interés, los flujos hacia ETFs y el contexto macro.
En esa línea, plantea que STRC puede sumar presión compradora y amplificar movimientos en el corto plazo, pero su impacto depende de que se mantenga la demanda por ese instrumento. Por eso, concluyó que “conviene interpretarlo más como un acelerador del precio que como un volante capaz de definir su dirección”.
Columna con opinión de Iñaki Apezteguia






